Author Archives: Alegría Crespo

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¿Qué tipo de padre eres?

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Estilos 1Ser padre es uno de los roles más desafiantes de la vida, requiere de aprendizaje diario y es una experiencia personal y única que se basa en la relación que tenemos con nuestros hijos. Además, la relación con cada hijo es distinta y particular, podemos incluso variar nuestro estilo de paternidad con cada hijo, dependiendo de la personalidad de los mismos.

 

No podemos encasillarnos únicamente en un estilo de paternidad ya que lo interesante es tomar elementos de varios para lograr centrarnos en nuestro propio estilo de paternidad. Para poder analizar con cuál de los mismos nos identificamos, los revisaremos a continuación:

Estilo autoritario: este estilo se basa en la exigencia permanente, pero en poca atención brindada a los hijos. Las normas y consignas no pueden ser cuestionadas ni negociadas. Permanentemente, recuerdan a los hijos que ellos son la autoridad y sus actuaciones se basan en altos niveles de control y pocas demostraciones de afecto. En este estilo, hay conductas de privaciones e imposición verbal y física.

Lastimosamente, las consecuencias del autoritarismo se van transmitiendo de generación en generación y se van incrementando dosis de agresividad y frustración con el tiempo. Estos sentimientos pueden ser descargados con personas que nada tienen que ver con la frustración.
Estilo permisivo: este estilo se trata de los padres que exigen poco y que atienen las necesidades de sus hijos en exceso. No siguen las reglas de conducta y son sumamente flexibles y tolerantes ante los impulsos de sus hijos y, generalmente, no hay consecuencias ante sus comportamientos.

Los padres permisivos evitan hacer uso del control, utilizando pocos castigos y muestran una excesiva concesión en las demandas de los hijos; se muestran tolerantes y tienden a aceptar positivamente los impulsos del niño. Su estilo comunicativo es poco efectivo y unidireccional, considerando en exceso las iniciativas y argumentos infantiles.

Los padres permisivos consideran que los hijos deben crecer en libertad, estableciendo mínimamente los límites. Generalmente, procuran dar a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron en su infancia y les llenan de mimos y regalos. Los padres también adoptan el estilo permisivo debido a que temen entrar en discusiones o peleas con sus hijos y no quieren enfrentarlos, llegan incluso a tener miedo de ellos.

Estilo Democrático: En este estilo calzan los padres exigentes que están preocupados y atienden las necesidades de sus hijos. Las normas y reglas son claras y saben lo que quieren en su hogar. Las sanciones son utilizadas de manera adecuada y balanceada. Apoyan el diálogo y la comunicación permanente. Otra característica de este tipo de padres es que analizan las demandas que hacen sus hijos de acuerdo a sus distintos niveles de desarrollo.

Los padres democráticos explican a sus hijos las razones para actuar de cierta manera o para tomar ciertas decisiones. Responden a las inquietudes de sus hijos y les prestan atención permanente. Además, explican a sus hijos las razones de las normas que establecen, reconocen y respetan su independencia, negociando con ellos y tomando decisiones en conjunto. Son padres que responden a las demandas y preguntas de sus hijos demostrando real escucha. Lo interesante de este estilo es que fomenta la independencia y autonomía a través del diálogo, las normas claras y el comportamiento afectivo. Se diferencia del padre permisivo que no ofrece orientación y disciplina real a su hijo y esto no favorece su autonomía y del padre autoritario que es tan rígido que causa temor e inseguridad a sus hijos.

Ser padre es una tarea ardua, compleja, ya que está en nuestras manos el futuro de nuestros hijos. Ellos nos ven como su ejemplo a seguir, imitan nuestras actitudes y comportamientos y adoptan conductas generadas en el hogar.

Si queremos criar hijos seguros y que nos tengan confianza, optemos por el estilo de paternidad que permita criar hijos felices, dejando de lado los recuerdos o traumas de nuestra infancia con el fin de fortalecer la única personalidad y realidad de nuestros hijos, respetando su individualidad y decisión propia y criando hijos respetuosos y a la vez, que tengan sentido crítico para que sepan afrontar la vida con todos sus matices.Estilos 2

Es recomendable hacer una reflexión permanente con el fin de mejorar nuestra paternidad en los aspectos que necesita ser reforzada y ser constantes en aquellas prácticas que están resultando provechosas y positivas en la crianza de nuestros hijos. Adelante en esta hermosa y ardua tarea que nos traerá las más grandes gratificaciones y compensaciones de la vida.

 

Alegría Crespo

Ph.D (c) Ciencias de la Educación

 


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El diploma a la paternidad imperfecta

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El momento en que nos enteramos que seremos padres, el reloj se pone en pausa, el corazón galopa y automáticamente sentimos nuevas sensaciones que recorren nuestro cuerpo y nuestra mente. A partir de ese momento, comenzamos a sentirnos responsables por otra vida, a sentirnos indispensables y a pensar cómo ser mejores personas para recibir a nuestro hijo. La aventura de la paternidad recién empieza y ya estamos embarcados algo que durará toda nuestra vida. Esto causa una sensación de vértigo, incluso de miedo, debido a que no hay manual que nos indique cómo ser buenos padres.

Comienzan los consejos de familiares y amigos, los relatos de experiencias para tratarnos de ayudar y hay momentos en los cuales nos sentimos abrumados con tanta información.

A pesar de leer libros de paternidad, de escuchar muchos consejos sobre crianza, la paternidad que vivamos es exclusiva y única ya que se genera del vínculo que tenemos con nuestros hijos, por tanto, la experiencia es de cada individuo. Lo desconcertante en ciertas ocasiones es que la misma no viene con manual de instrucciones y no siempre sabemos cómo proceder. Las sensaciones van desde las más positivas como alegría y amor infinitos hasta negativas como frustración y el agotamiento. Además, el desarrollo de nuestro hijo pasa por etapas. Por tanto, superamos una etapa y entramos a la siguiente con nuevas necesidades, nuevas inquietudes, nuevos comportamientos. Desde el nacimiento hasta la adolescencia la paternidad podría compararse con una montaña rusa llena de subidas y bajadas y algunas encrucijadas, sin embargo, cuando el camino es estable, es una experiencia maravillosa.

Si la paternidad no viene con manual de instrucciones, sí hay ciertos consejos que otros padres podemos dar a nuestros colegas en acción:

  1. Constancia: Seamos constantes en las consecuencias impuestas ante ciertas acciones. Que no dependan de nuestro sentido del humor o del día que tuvimos. Que nuestros hijos sepan cómo reaccionaremos de acuerdo a su proceder.
  2. Diálogo: Desde pequeños, es importante que establezcamos un diálogo fluido y transparente con nuestros hijos. Que les expliquemos lo que está sucediendo y que demos respuesta a sus inquietudes. Que seamos la fuente de información más confiable para ellos.
  3. Dejar de lado la culpabilidad: Tendemos a sentirnos culpables por todo. Por haber permitido la golosina, por no haberle cepillado los dientes, por viajar, por trabajar, por salir a divertirnos entre adultos, es decir, por todo. Si dejamos de lado la culpabilidad, la experiencia de la paternidad será mucho más agradable y libre y esto permitirá que la disfrutemos más.
  4. Nadie más es padre o madre del niño, que su padre y madre. Por tanto, las sugerencias y consejos de los abuelitos, tíos y amigos deben ser acogidos discriminando qué sirve y qué no, sin dejar que nos afecte como padres, porque ese es nuestro papel y debemos apoderarnos y empoderarnos del mismo.

Si sentimos que realmente una situación específica de conducta o de aprendizaje de nuestros hijos se nos sale de las manos, es recomendable acudir a un profesional que sepa guiarnos con neutralidad e imparcialidad en el proceso.

Poco a poco seremos padres “profesionales”, algunas veces aprobaremos,paternidad 2otras,  reprobaremos, pero el diploma por entregar lo mejor de nosotros en beneficio de nuestros hijos, siempre será concedido…aún siendo imperfectos.

 

 

Alegría Crespo

Ph.D (c) Ciencias de la Educación


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Todos son parte de los asuntos familiares

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“Esas son cosas de grandes”, “No te preocupes, anda a jugar”, “Son conversaciones de adultos”, son frases comunes al momento de no saber cómo tratar un asunto que está preocupando a toda la familia y que no sabemos si es prudente o no que los más pequeños de casa sepan. La comunicación es sumamente necesaria, debido a que es el vehículo que atrae los demás valores. Por tanto, es

valores 8 importante crear este vínculo con los niños. Al estar comunicados permanentemente con ellos, podemos incidir en su conducta de manera asertiva.

Si todos los familiares se mantienen en permanente comunicación, se puede ofrecer apoyo moral y acompañamiento al saber qué sucede. Si nosotros como padres les contamos e nuestros hijos sobre nuestros problemas (en un lenguaje apropiado y sencillo para ellos), ellos también ser abrirán a contarnos lo que les sucede ya que la imagen de intocables y perfectos de sus padres se convierte en humana y real. Nuestros hijos deben saber que siempre, a pesar de cualquier circunstancia, estaremos apoyándolos y los respaldaremos con amor.

Por el contrario de lo que pensaríamos, esconder las dificultades, solamente casusa distanciamiento e incomprensión entre los miembros de la familia.

He aquí algunas sugerencias:

  1. Hablar permanentemente con nuestros hijos, encontrar momentos oportunos para hacerlo y preguntarles qué estuvo bien en su día y qué estuvo mal. No nos conformaremos con la respuesta fría y minimalista de “bien” para todo. Es importante que sepan que deben expresarse permanentemente tanto en lo bueno como en lo malo.
  2. Leer con ellos y analizar distintas historias para hacer hipótesis de cómo enfrentarían diversas situaciones.
  3. Contarles anécdotas de cuando éramos niños, de nuestros logros, nuestros fracasos, de cuando nos sentimos avergonzados, de cuando nos equivocamos o estuvimos tristes. Cuando el niño nos escucha hablar de nuestra infancia se traslada a una etapa de nuestra vida en la cual fuimos como ellos y se sienten identificados.

Papa e hijoSi queremos tener una relación de confianza y transparencia con nuestros hijos, debemos trabajar la misma desde que nacen. Así, todo fluirá naturalmente y será muy sencillo adecuarse a distintas tempestades, sabiendo que con el amor y apoyo de los miembros de la familia, después de las mismas…siempre sale el sol.

 

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación

Educar con Alegría


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Consecuencias que se cumplan

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Padre e hijoMuchas veces, ante una rabieta o un mal comportamiento de nuestros hijos, perdemos la cabeza y cometemos el error de castigarles con cosas que realmente, en la práctica, será muy difícil cumplir. Por ejemplo: “Te quedas una semana sin televisión”, “te quito el ipad un mes”, “no irás a la fiesta de tu amigo”. Luego, nos comenzamos a sentir culpables y vemos la manera de quitar o ceder ante la consecuencia impuesta. Lo admito, me ha pasado no solo una vez, sino varias a lo largo de mi maternidad de tres. Cada uno con sus necesidades y su realidad. Lo que me ha hecho pensar es que, finalmente, quien queda mal y pierde autoridad, soy yo. Los chicos llegan a pensar: “me dice esto porque está enojada, se le pasa y seguro logro que me quite el castigo”.

Por lo tanto, depende de nosotros, por un lado, establecer diálogos en los cuales sentemos lo que puede suceder en caso de rabieta, desobediencia, travesura, pelea con los hermanos. Que lo hagamos antes de que suceda el incidente, con el fin de que los niños sepan cuál puede ser la consecuencia de sus actos.

Por otro lado, las consecuencias deben ser proporcionales a la acción. No podemos por pura impulsividad, amenazar a los hijos con tiempos irreales o demasiado prolongados, ya que nosotros también vamos a pagar las consecuencias de nuestra decisión.

De tal manera es importante:

  1. Establecer normas inamovibles de cada hogar, las cuales deben ser respetadas ineludiblemente.
  2. Establecer acuerdos en los cuales nuestros hijos también sean quienes aporten.
  3. Establecer qué consecuencias se darán en caso de que las normas y acuerdos no sean cumplidos.

Cabe recalcar que debemos ser constantes. Muchas veces, nos encontramos de buen genio y la sanción es muy suave o inexistente. Si, por el contrario, hemos tenido un día pesado y estamos de mal genio, podemos imponer una sanción desmedida. Esto crea inestabilidad, frustración, incertidumbre en nuestros hijos. Creo importante ser constantes, ser consecuentes y procurar no variar en nuestras reacciones

Recordemos que ser padres no viene con manual de instrucciones. Es una tarea sumamente ardua y constante. Las necesidades van cambiando con el tiempo y lo que solía ser efectivo, de repente, ya no lo es. Por eso, es bueno tener el terreno claro y las consecuencias establecidas. Cada causa tiene una reacción, esa es una ley importante de vida. Si enseñamos a nuestros hijos desde pequeños que así es, lograremos poco a poco, que piensen antes de actuar y ayudaremos a formar seres humanos sólidos.

 

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación


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No a las rabietas, sí al buen carácter

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Mi mamá siempre me dice “cuando yo les crié a ustedes, las cosas no eran tan difíciles. Obedecían y si tenían un mal comportamiento, venían inmediatamente a disculparse”. Somos tres hermanas, yo soy la mayor y recuerdo claramente que en casa no había gritos, ni berrinches, ni pataletas y que con una mirada de papá o mamá, cualquier acercamiento a una mala conducta se suspendía automáticamente.

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Hoy en día nos enfrentamos a niños y adolescentes que tienen tanta autonomía y acceso a la información, que asumen, de alguna manera una actitud de igualdad, de quemimportismo e incluso de rebeldía frente a la autoridad. No basta clavarle los ojos o hacerle una seña para que el niño o adolescente entienda que debe parar su comportamiento negativo. Por el contrario, muchas veces ellos nos miran con más intensidad llegando al punto de desafiarnos. Hay hogares con situaciones tan adversas que los padres llegan a tener miedo de sus hijos. Se les complace permanentemente, incluso se les quita consecuencias impuestas previamente con tal de mantener la calma.

El respeto es básico para cualquier relación humana, más aún en el ámbito intrafamiliar. Por lo tanto, si prevenimos rebeldías innecesarias e iras crecientes desde la primera infancia, ayudaremos a formar adolescentes y adultos más controlados.

Es importante descubrir el origen de las rabietas. Muchas veces pueden ser justificadas, pero la mayoría de veces no lo son. Nunca debemos actuar en el momento más fuerte de la rabieta, cuando nuestro hijo está llorando y quejándose, debido a que en ese momento no nos escuchará.

Normalmente los niños comienzan una rabieta con el propósito de llamar la atención. Si le complacemos cada vez que lo hace, pensará que esa es la manera adecuada y eficiente de conseguir lo que quiere. Habremos entonces condicionado una conducta negativa: si quiero algo, lloro y si no me complacen, grito. Si, por el contrario, no decimos nada y no le hacemos caso, llegará un momento en el cual se dará cuenta de que es una conducta que realmente no sirve para su propósito.

Que nuestro hijo nos conteste con un “no” o que se demore mucho cuando le pedimos que haga algo es una conducta común. Lo hace para ponernos a prueba y probar nuestros límites. Sin embargo, el niño debe entender que su mala conducta al no cumplir lo que le estamos pidiendo, tiene una consecuencia. Si no quiere comer, no lo debemos obligar, podemos decirle que vaya a su cuarto para reflexionar.

Las cosas se pasan de castaño oscuro cuando una rabieta se convierte en un ataque de ira y hay una sensación de pérdida de control:
, se ahoga, patalea. Es importante, desde pequeños, parar el ataque para eliminar esta conducta negativa.

¿Cómo? Una manera es desviar la atención del niño o echarle unas gotitas de agua fría. No podemos permitir que esto suceda porque se va convirtiendo en un hábito. Pero, debemos estar muy conscientes de que no vamos a frenar este comportamiento con gritos e imposiciones. Lo que lograremos es que se vaya dañando la dinámica familiar y todos se vean afectados.

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Por tanto, se debe establecer normas a seguir ineludiblemente y también acuerdos establecidos con nuestros hijos para que ellos sepan que han sido parte de la decisión y que deben asumir las consecuencias en caso de no cumplir los acuerdos.

Estamos estableciendo las bases de comportamiento que durarán una vida. Hagámoslo con mucho amor, pero con mucha firmeza. El amor también se refleja en la disciplina.

 

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación


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Hablemos de lo que sentimos

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nin%cc%83os-2El 2016 no ha sido un año fácil. Por el contrario, ha sido un año que ha traído algunos problemas consigo. A nivel mundial y latinoamericano, nos hemos visto inmersos en una dinámica de problemática política, económica y social que, definitivamente, afecta a la relación intrafamiliar.

Este fenómeno ocurre porque la ansiedad que sentimos al estar tan informados de acontecimientos diarios que son fuertes de procesar como adultos, los llevamos al hogar de diferentes manera: en nuestro estado de ánimo, en el estrés que se produce, el la afectación que se da sobre la economía familiar. Es decir, lastimosamente no se pueden dejar los problemas afuera de la puerta de la casa. Así no queramos y pretendamos que sea de otra manera, es un modus operandi de supervivencia que lo llevamos intrínseco.

Por otro lado, cabe recalcar, que la vida nos golpea en ciertas ocasiones con problemas de distinta índole: económicos, emocionales, laborales, de crecimiento particular de cada uno en los que, a veces, nos hallamos en crisis de identidad y que nos cuesta desempeñar el rol de padres de manera óptima.

Ahora bien, lo que he aprendido como pedagoga y madre durante todos estos años es que pretender fortaleza no es sano. Es decir, hay momentos en los cuales es importante demostrar a los hijos que somos fuertes, por ejemplo frente un incidente que les puede asustar, demostrar que estamos ahí para protegerles. Pero, habrá veces en las cuales nos ven decaídos, bajoneados o, incluso, llorando, y esto les causa un impacto increíble a nuestros hijos ya que ven en nosotros la columna de contención del hogar y de sus propias vidas. He aprendido que es bueno hablar con nuestros hijos sobre lo que sentimos, sobre lo que nos está pasando, sobre distintos sentimientos como miedo, frustración, impotencia, dolor, nostalgia. Hablar con ellos de manera que entiendan muy bien nuestra postura. Lo que hacemos usualmente si nuestro hijo nos encuentra mal, es decirle: no pasa nada, todo estará bien. Y esta respuesta no satisface al niño que se queda preocupado y sin entender qué le pasa a su progenitor. Además, no nos damos cuenta que esto afecta a la larga en su forma de expresar sus sentimientos. Vamos logrando que los niños también recurran a la respuesta “ no me pasa nada” cuando lo que en realidad pasa es que no han aprendido a manifestar sus emociones ya que no han recibido esa apertura de sus padres .

Entonces, tomando en cuenta que la vida a veces es dura y que debemos criar de la mejor manera a nuestros hijos para que sepan afrontarla, es básico hablar con ellos y contarles lo que pasa en el entorno y lo que pasa con nosotros mismos. Esto tenderá puentes de diálogo que fortalecerán la autoestima, la confianza y la expresión de las emociones, características básicas de un ser humano satisfecho.

 

Alegría Crespo

PhD Ciencias de la Educación


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¿Cómo estás tú?

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mama-y-nin%cc%83osMuchas veces nos cuestionamos: “¿Qué le pasa a mi hijo?”. Al ver una conducta inesperada, un emperro, alguna manifestación de agresividad. Si vemos al niño comiendo mucho o muy poco, si vemos que está decaído, si vemos que se aisla, nos preguntamos qué le está pasando.

Pues bien, es momento de hacer un análisis más profundo y preguntarnos qué nos está pasando a nosotros como individuos. En mucha ocasiones, se me acercan padres o madres de familia a hacerme consultas sobre ciertos comportamientos de sus hijos y comienzo por preguntarles: “¿Cómo estás tú?”. Les invito a ustedes, estimados lectores, a preguntarse cómo se sienten con su vida:

  • ¿Dedican suficiente tiempo a ustedes mismos?
  • ¿Dedican suficiente tiempo a la familia?
  • ¿Cómo está la relación de pareja?
  • ¿Cómo se sienten en su trabajo?
  • ¿Están pasando por alguna crisis?
  • ¿Se sienten solos o insatisfechos?

 

En fin, las preguntas son innumerables y no existen respuestas para todas. Lo importante es hacer un auto análisis para darnos cuenta que probablemente ciertas actitudes o comportamientos de nuestros hijos, devienen de nosotros mismos. Ser adulto no es sencillo, hay muchas exigencias y responsabilidades bajo nuestro cargo y hay ocasiones en las cuales nos sentimos abrumados, cansados y quisiéramos botar la toalla. Pues bien, al ser padres, estas actitudes se reflejan inmediatamente en el comportamiento de nuestros hijos, pues ellos perciben nuestro estado de ánimo, incluso la carga energética del hogar se siente más pesada o turbia, no hace falta que nos pregunten si nos está pasando algo para que se den cuenta que hay problemas.

Entonces, aprovechando que comenzamos un nuevo año, les invito a hacer una autorreflexión, si es por escrito, aún mejor. Un análisis que nos ayude a darnos cuenta de cómo estamos nosotros y a tomar conciencia real si podemos estar mejor. A establecer prioridades y darnos cuenta que de nosotros depende, en gran parte, el bienestar y la plenitud de nuestros hijos.

Alegría Crespo

PhD ( c ) Ciencias de la Educación


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La importancia de fortalecer la percepción del tiempo

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nin%cc%83a-pintando-1Ha llegado ya el 2017 y con él muchos anhelos por un año positivo en los diferentes aspectos de la vida. Tanto los adultos como los niños, sentimos la necesidad de mejorar y ahora es el momento.

Aprovechando esta coyuntura de la transición del tiempo, es recomendable que los niños también establezcan prioridades para evolucionar como seres humanos.

Podemos, como padres, llegar a acuerdos con ellos para modificar positivamente ciertos rasgos de su conducta que sabemos que deben ser pulidos.

Debemos tomar en cuenta que un niño, a los cuatro años, diferencia el día de la noche, a los seis ya puede tener noción del día de la semana, a los siete años, identifica el mes y, recién a los doce años, se da cuenta de la duración del tiempo alcanzando la representación mental del mismo, por lo tanto, el nivel de estructuración del tiempo se manifiesta a esta edad.

El tiempo es abstracto y los niños, sobre todo, en la primera infancia, están familiarizados con lo concreto: con lo que pueden ver, sentir, oler, experimentar. Es por esta razón, que a un niño le cuesta comprender que debe esperar hasta su cumpleaños o hasta una fecha en particular para recibir un regalo esperado. Las hipótesis también les cuesta entender. Por ejemplo “Cuando llegue tu cumpleaños, te voy a reglar ese carrito”. Ante esta aseveración, nos arriesgamos a que el niño tenga una pataleta puesto que no logra comprender el significado real del tiempo.

Ahora bien, hay ciertas pautas que les quiero recomendar para trabajar y fortalecer esta percepción temporal en sus hijos:

  1. Después de leer un cuento, es importante dialogar sobre el orden de los sucesos y preguntarles qué paso primero, qué paso después y cómo terminó la historia.
  2. Tener un calendario cuadriculado, grande, a la altura del niño para que él pueda ir tachando día por día y comprenda cómo va pasando el tiempo.
  3. Hablarle claramente de tiempos específicos. Por ejemplo: en 20 minutos salimos a la reunión. Así él va aprendiendo a discriminar.

Ahora bien, aprovechemos este año 2017 para poner plazos en cambios y mejoramiento de actitudes. Recordemos que un hábito se construye en pocas semanas y de esta manera podemos moldear para bien la personalidad de nuestros hijos.

 

Alegría Crespo

Phd (c) Ciencias de la Educación

 

 


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Ilusión de Navidad

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Por:

María Fernanda Crespo Cordovez

Máster en Educación Inicial y Educación Especial

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Empieza diciembre y trae consigo una mezcla intensa de sentimientos.  Los que tenemos la suerte de tener un niño en casa sabemos que la ilusión es una de las sensaciones más importantes en esta época del año.  Y creo que debemos detenernos un momentito a observar a nuestros pequeños y darnos cuenta cuáles son las cosas que provocan esta gran ilusión.

Ver sus ojitos brillantes y embelesados mirando las luces del árbol y del pesebre, escuchar sus manitas palmear al ritmo de un villancico, reír a carcajadas de la emoción al cantar junto a su familia y sus amigos.  Si paramos un ratito, ellos nos enseñan a disfrutar de las cosas simples de la vida, y en Navidad no dejemos que sea la excepción.

Si, como padres todos queremos satisfacer los deseos materiales de nuestros hijos (desde un sticker hasta el nuevo teléfono inteligente), pero, creo que es momento de valernos de su maravillosa esencia para evitar que la Navidad siga centrándose en lo material.

Nadie habla de suprimir los regalos, pero pienso que debemos limitarlos haciendo que ellos mismos sean los que prioricen sus necesidades.  Alguna vez leí que es bueno regalarles algo que deseen, algo que necesiten y algo para leer; y en realidad me parece una buena idea, podemos intentar algo así.

Creo que es importante no condicionar su comportamiento con la entrega del regalo en Navidad, sino enfocar el regalo como un símbolo de generosidad, de aprender a entregar y a recibir, y esto poder trasladar más adelante a sentimientos, a felicitaciones, a palabras de aliento, al amor.

Recordemos en esta Navidad el valor de inculcar en nuestros hijos el ser agradecidos.  Por supuesto agradecer por los regalos recibidos (pues son una muestra de cariño), pero sobre todo agradecer por un día más de vida, por la familia, por la salud, por los amigos, por tener calor y comida, por mirar, por escuchar, por ser… Siempre, siempre hay algo por lo cual, estar agradecidos.

Y por último, aprovechemos esta época especial del año para fomentar en nuestros niños la generosidad y la solidaridad.  Desde los más pequeñitos (escogiendo un juguete para otro niñito) hasta los más grandes (compartiendo su tiempo con gente que lo necesite).

Que esta Navidad les encuentre tranquilos, les traiga paz y les haga sentir más amor, y que a todos nos permita mirar alrededor, apreciar esas cosas sencillas de la vida y sonreír.

 


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Navidad de Pavos

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navidad-2La casa donde crecí era mágica. Largos corredores, techo de teja, paredes de adobe, una casa de la época colonial. La caracterizaban una gran chimenea que calentaba las tardes frías de la alta ciudad de Quito y eucaliptos muy, muy altos. Los sueños de niña se hacían realidad en “Farsalias”. Había rincones inhóspitos donde me podía esconder por horas a escribir o leer, a vivir mi niñez a plenitud.

Viví tan deliciosamente esta etapa de mi vida, que todo era posible en esa casa mágica.

Poniéndoles en este contexto, la Navidad también se enmarcaba en un ambiente especial. Si teníamos alguna necesidad, guardábamos esa petición para Navidad, desde ropa, zapatos o alguna novelería. Éramos de poco consumo en mi niñez, seguro ustedes lo recuerdan así. Nos levantábamos muy temprano el 25 de diciembre con mucha ilusión para ver quizá dos regalitos bajo el árbol y llenas de alegría, mis hermanas y yo, encontrábamos lo que habíamos pedido en esa carta dedicada al Niño Jesús.

Los cantos, los rezos, las novenas, la familia, el pan de Navidad eran lo esencial.

Recuerdo especialmente una Navidad, un 25 de diciembre, probablemente era 1987. El jardín entero se llenó de pavos vivos, pavos que hacían mucho ruido y corrían buscando la salida. Mi papá nos llamó lleno de emoción diciéndonos que el Niño Jesús nos había mandado pavos a la casa por Navidad. Mis hermanas y yo reíamos nerviosamente viendo este fenómeno que ocurría frente a nuestros ojos y nos hacía sentir únicos. ¿Y qué íbamos a hacer con tantos pavos? Nos encontrábamos ante una situación sui generis. En pijama, muertos de risa, con nervios y con aproximadamente 50 pavos en el jardín, esa Navidad nunca sería olvidada. Y ha sido así, por eso les estoy contando.

Después de unas horas llegó un pastorcito a buscar sus pavos. Esto completaba la ilusión, parecía salido del pesebre, parecía haberse encarnado el personaje de un cuento navideño. Mi mamá le brindó un pedazo de pastel y leche y fue arriando los pavos hasta perderse de nuestra vista. Nos miramos sonreídos con una mirada cómplice, los pavos fueron protagonistas de esa Navidad. Y así, como se perdieron lo pavos de nuestra vista, la Navidad y su espíritu de estas fiestas, se va perdiendo a medida que pasan los días y los meses. Lo lindo y lo que se debe rescatar es esa unión familiar y la generosidad con el más necesitado. Debe ser un estado de ánimo permanente, no fugaz, como la visita de esos pavos.

La Navidad nos une, nos acerca, nos ayuda a reflexionar sobre lo importante de la vida y se resume en: familia, bondad, fe y generosidad.

Sé que todos tenemos recuerdos de navidades especiales, sé que vemos con cierta nostalgia esta época, sé que para mí, esa visita de los pavos corriendo por el jardín me ayuda a reír nuevamente como niña y a darme cuenta que la Navidad es la época más mágica del año. Regalemos eso a nuestros hijos: experiencias inolvidables, amor y magia. Todo lo demás lo puede comprar el dinero, pero nada material deja recuerdos para siempre.

Que esta Navidad tu hogar se llene de luz, de esperanzas y de muchas risas y miradas infantiles.

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación

 


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