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¿Cómo prevenir posibles adicciones?

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adiccionesLa respuesta básica es: cercanía, estar cerca de nuestros hijos, conocerlos bien. Es sumamente importante que podamos crear un espacio de confianza y de complicidad. No se trata de ser vigilantes y acer sentir opresión a nuestros hijos, sino, de hablar permanentemente con ellos y hacerles saber lo que nos preocupa. Se trata de entablar una relación transparente desde la infancia para que ellos, al momento de la pubertad y de la adolescencia, sientan confianza en nosotros.

Esta época la tecnología nos juega en contra debido a que muchas veces no nos ayuda a conocer con quién se está llevando nuestro hijo. Ahora bien, si establecemos un diálogo de confianza permanente, ellos abrirán su mundo a nosotros y traerán a sus amigos a casa lo cual ayuda a conocer su realidad con mayor profundidad.

Si nos ponemos a recordar cómo era la vida antes, los padres tenían la gran ventaja de conocer los amigos con los que frecuentaba su hijo debido a que las relaciones eran reales, no virtuales. Existía teléfono en la casa y si alguien quería comunicarse con el chico, debía llamar a casa y saludar a los padres. Hoy por hoy, la comunicación está a la distancia de un mensaje y es privada. Por tanto, es importante involucrarnos en la vida social de nuestros hijos abriendo las puerta de casa para que se sientan cómodos invitando a sus amigos.

Por otro lado, debemos estar atentos a los síntomas que se presenten, es decir, debemos conocer el comportamiento de nuestros hijos, notar si han cambiado, si están ansiosos o irritables. El arma más poderosa, siempre lo diré, es el amor. Si notamos que existe vacío, preocupación, ansiedad generada por los cambios de la vida, llenemos de amor a nuestro hijo. Recordemos que los abrazos siempre reconfortan.

En cuanto a la información que debemos brindar sobre drogas y alcohol, es importante que sea objetiva. No es necesario entrar en detalles crueles o morbosos sobre las adicciones, pero sí es importante informarles sobre las condiciones de dependencia y de deterioro físico y emocional que causan las adicciones.

 

El deporte y la unión familiar serán razones para ayudar a los chicos a mantenerse alejados de intereses que los puedan llevar a adicciones. Conozcamos a nuestros hijos, seamos quienes acompañen su crecimiento con amor y confianza. Desarrollemos hábitos sanos recordando que habrá una “mente sana en cuerpo sano”.

 

Les dejo estas preguntas para que puedan hacer su propia reflexión:

¿A qué edad se debe comenzar a hablar de adicciones?

¿Debo contar casos de personas con adicciones a mis hijos?

¿Cómo puedo evitar las malas influencias en mi hijo?

¿Hasta qué punto debo respetar su privacidad para conocer con quién frecuenta?

¿A qué síntomas debo estar atento antes de que sea vulnerable?

 

Alegría Crespo

Ph.D (c )


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Las emociones: clave de aprendizaje

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Lo que realmente hace que un niño aprenda no son las horas de estaremociones 1 sentado o las veces que repita ciertos contenidos. Un niño aprende cuando sus emociones son favorecedoras. Sólo se puede aprender aquello que se ama, esta es la conclusión del estudio realizado por el neurocientífico español Francisco Mora (catedrático de Fisiología Humana en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid). El resultado de éste afianza la importancia de las emociones en el proceso de aprendizaje.

Las emociones son el punto de partida de un círculo virtuoso de aprendizaje que comienza a partir de la curiosidad, la misma que lleva a los niños a investigar. La investigación produce satisfacción, la misma que hace que amemos ciertos temas, por lo cual nos sentimos valiosos en ciertas materias porque las asociamos con acierto. Lo mismo sucede cuando fracasamos en algo, por ejemplo, un niño que no acierta en ejercicios de división, asumirá que es malo para las matemáticas y terminará sin interés por las mismas. Cuando amamos algo, nos sentimos productivos y aprendemos con mucha facilidad.

El ser humano necesita utilizar sus sentidos, ver, oler, palpar, degustar. Tocar la flor, sentir los distintos tipos de texturas. Si todo lo que se le enseña es abstracto, es sumamente difícil que el niño lo interiorice como parte de su ser.

Logramos “enganchar” al niño en el aprendizaje si se emociona. Al cerebro le encanta la sorpresa. Si el niño se siente sorprendido, entusiasmado, entretenido, seguro será más productivo el proceso de aprendizaje y tendrá mejores resultados que cuando se siente sin interés, aburrido, desmotivado.

La neurociencia ha podido demostrar mediante el nivel de actividad en el cerebro que se aprende lo que llama la atención y genera una emoción. Aquello novedoso, innovador, diferente, original, que sale de la rutina, ayuda a llamar la atención y a ser un trampolín para el aprendizaje significativo.

Se pueden diferenciar 8 maneras para que el niño aprenda:

Un niño desmotivado no aprenderá, mientras que un niño al que le apasione la clase, atenderá y mantendrá la concentración mucho más tiempo.

  1. Fomenta la curiosidad de tu hijo a través de las preguntas
  2. El contacto con la naturaleza es muy beneficioso.
  3. Utiliza el juego para explicar temáticas complejas.
  4. Haz experimentos con los niños. Esto fortalece su curiosidad y ganas de aprender.
  5. Busca sorprender a tu hijo e estudiantes.
  6. Visita lugares de interés como museos, parques, bosques, reservas naturales, granjas.
  7. Dale libertad para elegir, esto lo compromete. Por ejemplo, el libro que quiere leer.
  8. Los refuerzos positivos son básicos, hay frases, gestos que motivan comportamientos pro aprendizaje.

Las emociones ayudan a que el aprendizaje se convierta en un mundo lleno de sorpresas y de interés. Nuestro deber es ayudar desde la casa y la escuela a que no se asocie aprendizaje con obligación, sino con diversión.

Alegría Crespo, PhD ( c ) Ciencias de la Educación

 


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Madres agenda y padres helicóptero: criando niños burbuja

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Padre controladorLos padres helicóptero y las mamás agenda están más presentes de lo que imaginamos. Estos términos se aplican con mayor frecuencia de la que creeríamos. Incluso, nosotros mismos podemos calzar en esta “etiqueta”.

¿A qué se refieren estos  términos? Los padres helicóptero y las madres agenda son aquellos que están permanentemente detrás de cada paso de sus hijos, de manera incluso controladora. Las madres agenda tienen planificada cada actividad del día, cada momento, cada reunión de sus hijos e incluso escogen sus amistades de acuerdo a los que ellas consideran que es más conveniente. De igual modo, los padres helicóptero “sobrevuelan” las actividades de sus hijos. Están calculando cada paso que darán sus hijos.

Este tipo de padres sobreprotectores vigilan las tareas de sus hijos muy de cerca y están como “supervisores” de las mismas.

Son padres que se convierten en guardianes de cada actividad de sus hijos y que, de alguna manera, los obligan a volverse dependientes de esta dinámica y de esta interacción ya que así es como han crecido y así es como se han desarrollado.

El prototipo de madre agenda y padre helicóptero genera la crianza de un niño burbuja. Las consecuencias de criar niños burbuja son variadas y van desde la inseguridad, hasta la baja autoestima, así como la falta de autonomía, pocas estrategias de resolución de conflicto. Más grave aún es cuando aquellos niños presentan signos de agresividad contra sus pares o en su entorno. El control del cual están siendo sujetos debe ser desfogado de alguna manera y los mecanismos, a veces, no son los mejores, por lo cual el niño comienza a comportarse de modos incompresibles.

Estos términos se originan con el psicólogo israelí Haim Ginnot quien escribió en su libro “Entre los padres y los adolescentes” (1969) y las características principales de este tipo de padre son:

  • Hablan en plural sobre las tareas de sus hijos: “Teneos que cepillarnos los dientes”, “Tenemos que terminar la tarea”, “La profesora debe ver que nos portamos bien”.
  • Están atentos a cada movimiento e intentan complacer a sus hijos en todo.
  • Intentan ser quienes resuelven los problemas de sus hijos y dar solución inmediata a todo.

 

Esta obsesión de los padres de tener todo bajo control y todo calculado acaba siendo sumamente nociva para todos los miembros de la familia: los padres acaban extenuados, tratando de darles a sus hijos una vida llena de perfección, lo cual es imposible, ya         que se aprende al caer, al equivocarse, al pasar momentos difíciles. Este tipo de relaciones acaban ahogando y son la causa de serios problemas emocionales.

Por tanto, dejemos a nuestros hijos crecer en libertad,
desarrollar su autonomía y expandir sus alas para volar solos en el vasto cielo que ofrece la vida.

 

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación

 

Bibliografía:

Ginott, H. (1969). Between Parent and Teenager. Michigan: McMilan

Foto obtenida de: http://www.inspirulina.com/como-dejar-de-ser-padres-controladores-que-asfixian.html


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Momentos que marcan

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padre e hijo 1A mis 7 años, siendo aún muy niña, me acerqué a mi mamá y airosa y segura le dije: “Mamá, gracias por ser como son tú y mi papá, gracias a ustedes yo tengo mejor carácter ahora”, mi mamá solo me abrazó tiernamente y me dijo: “Qué hermosas palabras, recuerda que tú siempre serás tu compañía y tienes que ser la mejor, ya que estás contigo las 24 horas del día”. Estas palabras me han acompañado siempre, me han forjado el carácter y me han ayudado a atravesar los momentos, quizá, más duros de mi vida.

Uno nunca olvida ciertas charlas con los padres. Esos momentos, nos marcan para toda la vida. Tendemos a recordar el lugar, el tono de voz, la sensación al entablar ciertas conversaciones con nuestros padres.

Tendemos a remontarnos a conversaciones y a trasladarlas al presente para volver a sentirnos protegidos y encaminados por nuestros padres.

Aún siendo adulta, muchas veces pienso: “¿Qué me diría mi papá o mi mamá en esta situación?” y me da alivio, me da paz, porque puedo imaginar vívidamente sus palabras y, de alguna manera, se me aclara el panorama.Father Talking to Son

Ahora bien, así como quedan huellas de las palabras de ternura, aliento y amor, también quedan cicatrices de las palabras duras, hirientes y emitidas en un momento de frustración. Esas palabras también causan que la autoestima se vea afectada, la autonomía disminuida, la confianza propia fragmentada y la tranquilidad del hogar, interrumpida.

Por tanto, debemos ser conscientes de que lo que decimos a nuestros hijos,  sea para felicitarlos, reforzar conductas positivas, para conversar de temas variados o para llamarles la atención, tendrá una huella permanente en sus vidas y lo recordarán siempre. Esto pone sobre nosotros una responsabilidad enorme debido a que debemos saber y asumir lo que decimos,  la forma en que lo hacemos y el mensaje que queremos transmitir. De todas maneras, nos podemos equivocar y, en este caso, saber pedir perdón no solamente es importante, es necesario. Abrir nuestro corazón y pedir disculpas a nuestro hijo por alguna palabra o acción que no se debió haber dado nos humaniza, nos dignifica y para ellos es el mejor ejemplo. Recordemos siempre que lo más importante es dejar huellas…nunca cicatrices.

Alegría Crespo

Ph.D (c ) Ciencias de la Educación


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¿Qué tipo de padre eres?

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Estilos 1Ser padre es uno de los roles más desafiantes de la vida, requiere de aprendizaje diario y es una experiencia personal y única que se basa en la relación que tenemos con nuestros hijos. Además, la relación con cada hijo es distinta y particular, podemos incluso variar nuestro estilo de paternidad con cada hijo, dependiendo de la personalidad de los mismos.

 

No podemos encasillarnos únicamente en un estilo de paternidad ya que lo interesante es tomar elementos de varios para lograr centrarnos en nuestro propio estilo de paternidad. Para poder analizar con cuál de los mismos nos identificamos, los revisaremos a continuación:

Estilo autoritario: este estilo se basa en la exigencia permanente, pero en poca atención brindada a los hijos. Las normas y consignas no pueden ser cuestionadas ni negociadas. Permanentemente, recuerdan a los hijos que ellos son la autoridad y sus actuaciones se basan en altos niveles de control y pocas demostraciones de afecto. En este estilo, hay conductas de privaciones e imposición verbal y física.

Lastimosamente, las consecuencias del autoritarismo se van transmitiendo de generación en generación y se van incrementando dosis de agresividad y frustración con el tiempo. Estos sentimientos pueden ser descargados con personas que nada tienen que ver con la frustración.
Estilo permisivo: este estilo se trata de los padres que exigen poco y que atienen las necesidades de sus hijos en exceso. No siguen las reglas de conducta y son sumamente flexibles y tolerantes ante los impulsos de sus hijos y, generalmente, no hay consecuencias ante sus comportamientos.

Los padres permisivos evitan hacer uso del control, utilizando pocos castigos y muestran una excesiva concesión en las demandas de los hijos; se muestran tolerantes y tienden a aceptar positivamente los impulsos del niño. Su estilo comunicativo es poco efectivo y unidireccional, considerando en exceso las iniciativas y argumentos infantiles.

Los padres permisivos consideran que los hijos deben crecer en libertad, estableciendo mínimamente los límites. Generalmente, procuran dar a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron en su infancia y les llenan de mimos y regalos. Los padres también adoptan el estilo permisivo debido a que temen entrar en discusiones o peleas con sus hijos y no quieren enfrentarlos, llegan incluso a tener miedo de ellos.

Estilo Democrático: En este estilo calzan los padres exigentes que están preocupados y atienden las necesidades de sus hijos. Las normas y reglas son claras y saben lo que quieren en su hogar. Las sanciones son utilizadas de manera adecuada y balanceada. Apoyan el diálogo y la comunicación permanente. Otra característica de este tipo de padres es que analizan las demandas que hacen sus hijos de acuerdo a sus distintos niveles de desarrollo.

Los padres democráticos explican a sus hijos las razones para actuar de cierta manera o para tomar ciertas decisiones. Responden a las inquietudes de sus hijos y les prestan atención permanente. Además, explican a sus hijos las razones de las normas que establecen, reconocen y respetan su independencia, negociando con ellos y tomando decisiones en conjunto. Son padres que responden a las demandas y preguntas de sus hijos demostrando real escucha. Lo interesante de este estilo es que fomenta la independencia y autonomía a través del diálogo, las normas claras y el comportamiento afectivo. Se diferencia del padre permisivo que no ofrece orientación y disciplina real a su hijo y esto no favorece su autonomía y del padre autoritario que es tan rígido que causa temor e inseguridad a sus hijos.

Ser padre es una tarea ardua, compleja, ya que está en nuestras manos el futuro de nuestros hijos. Ellos nos ven como su ejemplo a seguir, imitan nuestras actitudes y comportamientos y adoptan conductas generadas en el hogar.

Si queremos criar hijos seguros y que nos tengan confianza, optemos por el estilo de paternidad que permita criar hijos felices, dejando de lado los recuerdos o traumas de nuestra infancia con el fin de fortalecer la única personalidad y realidad de nuestros hijos, respetando su individualidad y decisión propia y criando hijos respetuosos y a la vez, que tengan sentido crítico para que sepan afrontar la vida con todos sus matices.Estilos 2

Es recomendable hacer una reflexión permanente con el fin de mejorar nuestra paternidad en los aspectos que necesita ser reforzada y ser constantes en aquellas prácticas que están resultando provechosas y positivas en la crianza de nuestros hijos. Adelante en esta hermosa y ardua tarea que nos traerá las más grandes gratificaciones y compensaciones de la vida.

 

Alegría Crespo

Ph.D (c) Ciencias de la Educación

 


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El diploma a la paternidad imperfecta

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paternidad 1
El momento en que nos enteramos que seremos padres, el reloj se pone en pausa, el corazón galopa y automáticamente sentimos nuevas sensaciones que recorren nuestro cuerpo y nuestra mente. A partir de ese momento, comenzamos a sentirnos responsables por otra vida, a sentirnos indispensables y a pensar cómo ser mejores personas para recibir a nuestro hijo. La aventura de la paternidad recién empieza y ya estamos embarcados algo que durará toda nuestra vida. Esto causa una sensación de vértigo, incluso de miedo, debido a que no hay manual que nos indique cómo ser buenos padres.

Comienzan los consejos de familiares y amigos, los relatos de experiencias para tratarnos de ayudar y hay momentos en los cuales nos sentimos abrumados con tanta información.

A pesar de leer libros de paternidad, de escuchar muchos consejos sobre crianza, la paternidad que vivamos es exclusiva y única ya que se genera del vínculo que tenemos con nuestros hijos, por tanto, la experiencia es de cada individuo. Lo desconcertante en ciertas ocasiones es que la misma no viene con manual de instrucciones y no siempre sabemos cómo proceder. Las sensaciones van desde las más positivas como alegría y amor infinitos hasta negativas como frustración y el agotamiento. Además, el desarrollo de nuestro hijo pasa por etapas. Por tanto, superamos una etapa y entramos a la siguiente con nuevas necesidades, nuevas inquietudes, nuevos comportamientos. Desde el nacimiento hasta la adolescencia la paternidad podría compararse con una montaña rusa llena de subidas y bajadas y algunas encrucijadas, sin embargo, cuando el camino es estable, es una experiencia maravillosa.

Si la paternidad no viene con manual de instrucciones, sí hay ciertos consejos que otros padres podemos dar a nuestros colegas en acción:

  1. Constancia: Seamos constantes en las consecuencias impuestas ante ciertas acciones. Que no dependan de nuestro sentido del humor o del día que tuvimos. Que nuestros hijos sepan cómo reaccionaremos de acuerdo a su proceder.
  2. Diálogo: Desde pequeños, es importante que establezcamos un diálogo fluido y transparente con nuestros hijos. Que les expliquemos lo que está sucediendo y que demos respuesta a sus inquietudes. Que seamos la fuente de información más confiable para ellos.
  3. Dejar de lado la culpabilidad: Tendemos a sentirnos culpables por todo. Por haber permitido la golosina, por no haberle cepillado los dientes, por viajar, por trabajar, por salir a divertirnos entre adultos, es decir, por todo. Si dejamos de lado la culpabilidad, la experiencia de la paternidad será mucho más agradable y libre y esto permitirá que la disfrutemos más.
  4. Nadie más es padre o madre del niño, que su padre y madre. Por tanto, las sugerencias y consejos de los abuelitos, tíos y amigos deben ser acogidos discriminando qué sirve y qué no, sin dejar que nos afecte como padres, porque ese es nuestro papel y debemos apoderarnos y empoderarnos del mismo.

Si sentimos que realmente una situación específica de conducta o de aprendizaje de nuestros hijos se nos sale de las manos, es recomendable acudir a un profesional que sepa guiarnos con neutralidad e imparcialidad en el proceso.

Poco a poco seremos padres “profesionales”, algunas veces aprobaremos,paternidad 2otras,  reprobaremos, pero el diploma por entregar lo mejor de nosotros en beneficio de nuestros hijos, siempre será concedido…aún siendo imperfectos.

 

 

Alegría Crespo

Ph.D (c) Ciencias de la Educación


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Todos son parte de los asuntos familiares

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“Esas son cosas de grandes”, “No te preocupes, anda a jugar”, “Son conversaciones de adultos”, son frases comunes al momento de no saber cómo tratar un asunto que está preocupando a toda la familia y que no sabemos si es prudente o no que los más pequeños de casa sepan. La comunicación es sumamente necesaria, debido a que es el vehículo que atrae los demás valores. Por tanto, es

valores 8 importante crear este vínculo con los niños. Al estar comunicados permanentemente con ellos, podemos incidir en su conducta de manera asertiva.

Si todos los familiares se mantienen en permanente comunicación, se puede ofrecer apoyo moral y acompañamiento al saber qué sucede. Si nosotros como padres les contamos e nuestros hijos sobre nuestros problemas (en un lenguaje apropiado y sencillo para ellos), ellos también ser abrirán a contarnos lo que les sucede ya que la imagen de intocables y perfectos de sus padres se convierte en humana y real. Nuestros hijos deben saber que siempre, a pesar de cualquier circunstancia, estaremos apoyándolos y los respaldaremos con amor.

Por el contrario de lo que pensaríamos, esconder las dificultades, solamente casusa distanciamiento e incomprensión entre los miembros de la familia.

He aquí algunas sugerencias:

  1. Hablar permanentemente con nuestros hijos, encontrar momentos oportunos para hacerlo y preguntarles qué estuvo bien en su día y qué estuvo mal. No nos conformaremos con la respuesta fría y minimalista de “bien” para todo. Es importante que sepan que deben expresarse permanentemente tanto en lo bueno como en lo malo.
  2. Leer con ellos y analizar distintas historias para hacer hipótesis de cómo enfrentarían diversas situaciones.
  3. Contarles anécdotas de cuando éramos niños, de nuestros logros, nuestros fracasos, de cuando nos sentimos avergonzados, de cuando nos equivocamos o estuvimos tristes. Cuando el niño nos escucha hablar de nuestra infancia se traslada a una etapa de nuestra vida en la cual fuimos como ellos y se sienten identificados.

Papa e hijoSi queremos tener una relación de confianza y transparencia con nuestros hijos, debemos trabajar la misma desde que nacen. Así, todo fluirá naturalmente y será muy sencillo adecuarse a distintas tempestades, sabiendo que con el amor y apoyo de los miembros de la familia, después de las mismas…siempre sale el sol.

 

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación

Educar con Alegría


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Consecuencias que se cumplan

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Padre e hijoMuchas veces, ante una rabieta o un mal comportamiento de nuestros hijos, perdemos la cabeza y cometemos el error de castigarles con cosas que realmente, en la práctica, será muy difícil cumplir. Por ejemplo: “Te quedas una semana sin televisión”, “te quito el ipad un mes”, “no irás a la fiesta de tu amigo”. Luego, nos comenzamos a sentir culpables y vemos la manera de quitar o ceder ante la consecuencia impuesta. Lo admito, me ha pasado no solo una vez, sino varias a lo largo de mi maternidad de tres. Cada uno con sus necesidades y su realidad. Lo que me ha hecho pensar es que, finalmente, quien queda mal y pierde autoridad, soy yo. Los chicos llegan a pensar: “me dice esto porque está enojada, se le pasa y seguro logro que me quite el castigo”.

Por lo tanto, depende de nosotros, por un lado, establecer diálogos en los cuales sentemos lo que puede suceder en caso de rabieta, desobediencia, travesura, pelea con los hermanos. Que lo hagamos antes de que suceda el incidente, con el fin de que los niños sepan cuál puede ser la consecuencia de sus actos.

Por otro lado, las consecuencias deben ser proporcionales a la acción. No podemos por pura impulsividad, amenazar a los hijos con tiempos irreales o demasiado prolongados, ya que nosotros también vamos a pagar las consecuencias de nuestra decisión.

De tal manera es importante:

  1. Establecer normas inamovibles de cada hogar, las cuales deben ser respetadas ineludiblemente.
  2. Establecer acuerdos en los cuales nuestros hijos también sean quienes aporten.
  3. Establecer qué consecuencias se darán en caso de que las normas y acuerdos no sean cumplidos.

Cabe recalcar que debemos ser constantes. Muchas veces, nos encontramos de buen genio y la sanción es muy suave o inexistente. Si, por el contrario, hemos tenido un día pesado y estamos de mal genio, podemos imponer una sanción desmedida. Esto crea inestabilidad, frustración, incertidumbre en nuestros hijos. Creo importante ser constantes, ser consecuentes y procurar no variar en nuestras reacciones

Recordemos que ser padres no viene con manual de instrucciones. Es una tarea sumamente ardua y constante. Las necesidades van cambiando con el tiempo y lo que solía ser efectivo, de repente, ya no lo es. Por eso, es bueno tener el terreno claro y las consecuencias establecidas. Cada causa tiene una reacción, esa es una ley importante de vida. Si enseñamos a nuestros hijos desde pequeños que así es, lograremos poco a poco, que piensen antes de actuar y ayudaremos a formar seres humanos sólidos.

 

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación


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No a las rabietas, sí al buen carácter

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Mi mamá siempre me dice “cuando yo les crié a ustedes, las cosas no eran tan difíciles. Obedecían y si tenían un mal comportamiento, venían inmediatamente a disculparse”. Somos tres hermanas, yo soy la mayor y recuerdo claramente que en casa no había gritos, ni berrinches, ni pataletas y que con una mirada de papá o mamá, cualquier acercamiento a una mala conducta se suspendía automáticamente.

Nota rabiertas 1

Hoy en día nos enfrentamos a niños y adolescentes que tienen tanta autonomía y acceso a la información, que asumen, de alguna manera una actitud de igualdad, de quemimportismo e incluso de rebeldía frente a la autoridad. No basta clavarle los ojos o hacerle una seña para que el niño o adolescente entienda que debe parar su comportamiento negativo. Por el contrario, muchas veces ellos nos miran con más intensidad llegando al punto de desafiarnos. Hay hogares con situaciones tan adversas que los padres llegan a tener miedo de sus hijos. Se les complace permanentemente, incluso se les quita consecuencias impuestas previamente con tal de mantener la calma.

El respeto es básico para cualquier relación humana, más aún en el ámbito intrafamiliar. Por lo tanto, si prevenimos rebeldías innecesarias e iras crecientes desde la primera infancia, ayudaremos a formar adolescentes y adultos más controlados.

Es importante descubrir el origen de las rabietas. Muchas veces pueden ser justificadas, pero la mayoría de veces no lo son. Nunca debemos actuar en el momento más fuerte de la rabieta, cuando nuestro hijo está llorando y quejándose, debido a que en ese momento no nos escuchará.

Normalmente los niños comienzan una rabieta con el propósito de llamar la atención. Si le complacemos cada vez que lo hace, pensará que esa es la manera adecuada y eficiente de conseguir lo que quiere. Habremos entonces condicionado una conducta negativa: si quiero algo, lloro y si no me complacen, grito. Si, por el contrario, no decimos nada y no le hacemos caso, llegará un momento en el cual se dará cuenta de que es una conducta que realmente no sirve para su propósito.

Que nuestro hijo nos conteste con un “no” o que se demore mucho cuando le pedimos que haga algo es una conducta común. Lo hace para ponernos a prueba y probar nuestros límites. Sin embargo, el niño debe entender que su mala conducta al no cumplir lo que le estamos pidiendo, tiene una consecuencia. Si no quiere comer, no lo debemos obligar, podemos decirle que vaya a su cuarto para reflexionar.

Las cosas se pasan de castaño oscuro cuando una rabieta se convierte en un ataque de ira y hay una sensación de pérdida de control:
, se ahoga, patalea. Es importante, desde pequeños, parar el ataque para eliminar esta conducta negativa.

¿Cómo? Una manera es desviar la atención del niño o echarle unas gotitas de agua fría. No podemos permitir que esto suceda porque se va convirtiendo en un hábito. Pero, debemos estar muy conscientes de que no vamos a frenar este comportamiento con gritos e imposiciones. Lo que lograremos es que se vaya dañando la dinámica familiar y todos se vean afectados.

Rabiertas 2

Por tanto, se debe establecer normas a seguir ineludiblemente y también acuerdos establecidos con nuestros hijos para que ellos sepan que han sido parte de la decisión y que deben asumir las consecuencias en caso de no cumplir los acuerdos.

Estamos estableciendo las bases de comportamiento que durarán una vida. Hagámoslo con mucho amor, pero con mucha firmeza. El amor también se refleja en la disciplina.

 

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación


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Hablemos de lo que sentimos

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nin%cc%83os-2El 2016 no ha sido un año fácil. Por el contrario, ha sido un año que ha traído algunos problemas consigo. A nivel mundial y latinoamericano, nos hemos visto inmersos en una dinámica de problemática política, económica y social que, definitivamente, afecta a la relación intrafamiliar.

Este fenómeno ocurre porque la ansiedad que sentimos al estar tan informados de acontecimientos diarios que son fuertes de procesar como adultos, los llevamos al hogar de diferentes manera: en nuestro estado de ánimo, en el estrés que se produce, el la afectación que se da sobre la economía familiar. Es decir, lastimosamente no se pueden dejar los problemas afuera de la puerta de la casa. Así no queramos y pretendamos que sea de otra manera, es un modus operandi de supervivencia que lo llevamos intrínseco.

Por otro lado, cabe recalcar, que la vida nos golpea en ciertas ocasiones con problemas de distinta índole: económicos, emocionales, laborales, de crecimiento particular de cada uno en los que, a veces, nos hallamos en crisis de identidad y que nos cuesta desempeñar el rol de padres de manera óptima.

Ahora bien, lo que he aprendido como pedagoga y madre durante todos estos años es que pretender fortaleza no es sano. Es decir, hay momentos en los cuales es importante demostrar a los hijos que somos fuertes, por ejemplo frente un incidente que les puede asustar, demostrar que estamos ahí para protegerles. Pero, habrá veces en las cuales nos ven decaídos, bajoneados o, incluso, llorando, y esto les causa un impacto increíble a nuestros hijos ya que ven en nosotros la columna de contención del hogar y de sus propias vidas. He aprendido que es bueno hablar con nuestros hijos sobre lo que sentimos, sobre lo que nos está pasando, sobre distintos sentimientos como miedo, frustración, impotencia, dolor, nostalgia. Hablar con ellos de manera que entiendan muy bien nuestra postura. Lo que hacemos usualmente si nuestro hijo nos encuentra mal, es decirle: no pasa nada, todo estará bien. Y esta respuesta no satisface al niño que se queda preocupado y sin entender qué le pasa a su progenitor. Además, no nos damos cuenta que esto afecta a la larga en su forma de expresar sus sentimientos. Vamos logrando que los niños también recurran a la respuesta “ no me pasa nada” cuando lo que en realidad pasa es que no han aprendido a manifestar sus emociones ya que no han recibido esa apertura de sus padres .

Entonces, tomando en cuenta que la vida a veces es dura y que debemos criar de la mejor manera a nuestros hijos para que sepan afrontarla, es básico hablar con ellos y contarles lo que pasa en el entorno y lo que pasa con nosotros mismos. Esto tenderá puentes de diálogo que fortalecerán la autoestima, la confianza y la expresión de las emociones, características básicas de un ser humano satisfecho.

 

Alegría Crespo

PhD Ciencias de la Educación


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