De lo simple y profundo: la amabilidad

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De lo simple y profundo: la amabilidad

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En mi adolescencia, mi papá me decía: “Si un chico te saca a bailar, siempre di que si…él ha estado pensado bastante cómo hacerlo. Sé amable”. Estas palabras quedaron grabadas en mi para siempre y procuro, por sobre todo y a pesar de cualquier circunstancia, ser amable.

Actualmente, los códigos de amabilidad han cambiado, es decir, el saludo y respeto al adulto y a la autoridad, es algo que debe ser recordado a los chicos con frecuencia, cuando debería ser algo natural y lógico. Creo que es momento, entonces, de reflexionar acerca de algo tan sencillo y a la vez tan profundo: la amabilidad.

Tomando en cuenta que los niños imitan el comportamiento de los adultos que los rodean, principalmente de sus padres, debemos recordar que son un reflejo de lo que ven. Por tanto, un niño amable proviene de un hogar donde la amabilidad prima. Costumbres como saludar y despedirse, pedir permiso para retirarse de la mesa, agradecer por los alimentos recibidos, saludar atentamente a algún conocido de sus padres, son costumbres básicas para forjar una persona amable.

Soy madre de tres y son mi mayor tesoro. Mi casa siempre está abierta para las visitas de mis hijos. Cuando comenzaron a venir los amigos a casa, notaba que no todos me saludaban como yo esperaba. Así, que hablé con mis hijos y les dije que la regla principal en esta casa es que sus amigos saluden de manera atenta y educada, así como nosotros lo hacemos. A partir de ese pedido, todos los amigos de mis hijos (adolescentes) saludan con mucha amabilidad y por el nombre. Pienso que el saludo es sumamente importante. Toma el mismo tiempo saludar sin dar importancia o saludar dando importancia a la persona. Muchos padres justifican a sus hijos pequeños, cuando no quieren saludar, diciendo que está cansado, que se acaba de despertar, que se quiere dormir, que está malgenio, con hambre, etc. Pues, ¿les cuento algo? No hay excusa para no saludar. Eso se les enseña desde pequeños, con nuestro ejemplo y conversando con ellos sobre la importancia de que saluden bien.

Recuerdo cuando otras mamás me preguntaban “Alegría, ¿cómo haces para que tus hijos saluden?” y mi respuesta era “haciendo que saluden, es su única opción”. Además, he tratado de afianzar el hecho de que ellos lo hagan por el nombre de la persona y viéndole a los ojos, así le dan la importancia que la persona merece.
amabilidad-2La urgencia de la amabilidad es tangible. El ritmo de vida nos obliga a no hacer pausas en ciertas ocasiones y, lo preocupante, es que esta corriente también arrastra a nuestros hijos. Procuremos un hogar armónico y amable, en el cual lo natural para el niño sea este comportamiento. Estamos formando seres humanos que son el futuro, que son la esperanza, pues más allá de que sean reconocidos por lo grandiosos que son como estudiantes, artistas o deportistas, hagamos que nuestros hijos sean reconocidos por lo amables que son. Lo demás llega solo.

 

 

Alegría Crespo, M.A. Ed.

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