Hablemos de lo que sentimos

  • 0

Hablemos de lo que sentimos

Category : Artículos

nin%cc%83os-2El 2016 no ha sido un año fácil. Por el contrario, ha sido un año que ha traído algunos problemas consigo. A nivel mundial y latinoamericano, nos hemos visto inmersos en una dinámica de problemática política, económica y social que, definitivamente, afecta a la relación intrafamiliar.

Este fenómeno ocurre porque la ansiedad que sentimos al estar tan informados de acontecimientos diarios que son fuertes de procesar como adultos, los llevamos al hogar de diferentes manera: en nuestro estado de ánimo, en el estrés que se produce, el la afectación que se da sobre la economía familiar. Es decir, lastimosamente no se pueden dejar los problemas afuera de la puerta de la casa. Así no queramos y pretendamos que sea de otra manera, es un modus operandi de supervivencia que lo llevamos intrínseco.

Por otro lado, cabe recalcar, que la vida nos golpea en ciertas ocasiones con problemas de distinta índole: económicos, emocionales, laborales, de crecimiento particular de cada uno en los que, a veces, nos hallamos en crisis de identidad y que nos cuesta desempeñar el rol de padres de manera óptima.

Ahora bien, lo que he aprendido como pedagoga y madre durante todos estos años es que pretender fortaleza no es sano. Es decir, hay momentos en los cuales es importante demostrar a los hijos que somos fuertes, por ejemplo frente un incidente que les puede asustar, demostrar que estamos ahí para protegerles. Pero, habrá veces en las cuales nos ven decaídos, bajoneados o, incluso, llorando, y esto les causa un impacto increíble a nuestros hijos ya que ven en nosotros la columna de contención del hogar y de sus propias vidas. He aprendido que es bueno hablar con nuestros hijos sobre lo que sentimos, sobre lo que nos está pasando, sobre distintos sentimientos como miedo, frustración, impotencia, dolor, nostalgia. Hablar con ellos de manera que entiendan muy bien nuestra postura. Lo que hacemos usualmente si nuestro hijo nos encuentra mal, es decirle: no pasa nada, todo estará bien. Y esta respuesta no satisface al niño que se queda preocupado y sin entender qué le pasa a su progenitor. Además, no nos damos cuenta que esto afecta a la larga en su forma de expresar sus sentimientos. Vamos logrando que los niños también recurran a la respuesta “ no me pasa nada” cuando lo que en realidad pasa es que no han aprendido a manifestar sus emociones ya que no han recibido esa apertura de sus padres .

Entonces, tomando en cuenta que la vida a veces es dura y que debemos criar de la mejor manera a nuestros hijos para que sepan afrontarla, es básico hablar con ellos y contarles lo que pasa en el entorno y lo que pasa con nosotros mismos. Esto tenderá puentes de diálogo que fortalecerán la autoestima, la confianza y la expresión de las emociones, características básicas de un ser humano satisfecho.

 

Alegría Crespo

PhD Ciencias de la Educación


Educar con Alegría