La disciplina es amor

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La disciplina es amor

Category : Artículos

niños-felicesComo padres y educadores, somos quienes vamos moldeando el camino y la formación de los niños. La responsabilidad se deposita en nosotros y nos convertimos en el faro que guía y alumbra el proceder de nuestros hijos y estudiantes.  ¡Tremenda labor!

Cuando las cosas marchan bien y la armonía reina en casa o en la escuela, sentimos mucha satisfacción y tranquilidad. Sin embargo, cuando la situación se descontrola, la tortilla da la vuelta y las ansias se apoderan de nosotros. Tendemos a pensar que el niño es rebelde o que no sabe seguir reglas. Lo que está tratando de decirnos con comportamientos que no entendemos o que no nos agradan  es que necesita límites y está probando hasta dónde puede llegar para llamar nuestra atención. Nos sorprenden ciertos comportamientos inesperados que pueden llegar a desconcertarnos en ciertos momentos de  la paternidad. Nos vemos, de repente, absorbidos por  el genio incomprensible de nuestro hijo a quien hemos criado con tanta ilusión y amor. En este momento debemos pensar en esa mágica palabra que debe existir por amor a nosotros mismos y a los demás: disciplina.

La disciplina no es aplicar castigos, imponer normas y demostrar autoridad permanentemente. “Entendemos por disciplina la coordinación de actitudes con las que se enseña a desarrollar habilidades o a seguir una serie de conductas” (Domenech, 2015).  Justamente, la disciplina está relacionada con el aprendizaje y la adquisición de los hábitos en cuanto a la higiene, la organización, los horarios, entre otras cosas. Los hábitos se van instaurando en nosotros y se van convirtiendo en pautas de comportamiento que guían nuestro proceder. Los hábitos fortalecen las formas de comportamiento tanto en lo personal como en el entorno familiar y social. De esta manera, el niño va evolucionando y se va desarrollando sanamente con pautas que le guían asertivamente para calzar en su entorno.

Debemos tomar en cuenta que los padres enseñamos y fortalecemos hábitos de comportamiento en el hogar, sin embargo, estos mismos hábitos les servirán para acatar las normas interpersonales para desenvolverse correctamente en la sociedad. Las normas, queramos o no, son necesarias para la convivencia, es decir, debemos tener un orden social y debemos preparar a los niños para el mismo.niño 2

Ellos prueban límites, son curiosos, están descubriendo el mundo. Por tanto, para que los niños se sientan responsables de su comportamiento y partícipes de sus elecciones, les sugiero que en lugar de imponer normas, establezcamos acuerdos entre padres e hijos con el fin de que los niños sientan que ellos están alineados con la propuesta y les resulte más fácil acatar y seguir lo que  ha nacido de ellos mismos.

La disciplina es amor, no lo olvidemos. Los límites, las normas, los acuerdos generan individuos autónomos y seguros de sí mismos. La constancia debe acompañar de la mano a la disciplina para que los niños interioricen lo establecido.

La disciplina, además de ayudar a la armonía familiar, nos ayudará a tener una mejor sociedad.

 

Domenech, M. (2015). Edúcame Bien: 100 respuestas para madres y padres preocupados. Penguin Random House: Buenos Aires.


Educar con Alegría