Momentos que marcan

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Momentos que marcan

Category : Artículos

padre e hijo 1A mis 7 años, siendo aún muy niña, me acerqué a mi mamá y airosa y segura le dije: “Mamá, gracias por ser como son tú y mi papá, gracias a ustedes yo tengo mejor carácter ahora”, mi mamá solo me abrazó tiernamente y me dijo: “Qué hermosas palabras, recuerda que tú siempre serás tu compañía y tienes que ser la mejor, ya que estás contigo las 24 horas del día”. Estas palabras me han acompañado siempre, me han forjado el carácter y me han ayudado a atravesar los momentos, quizá, más duros de mi vida.

Uno nunca olvida ciertas charlas con los padres. Esos momentos, nos marcan para toda la vida. Tendemos a recordar el lugar, el tono de voz, la sensación al entablar ciertas conversaciones con nuestros padres.

Tendemos a remontarnos a conversaciones y a trasladarlas al presente para volver a sentirnos protegidos y encaminados por nuestros padres.

Aún siendo adulta, muchas veces pienso: “¿Qué me diría mi papá o mi mamá en esta situación?” y me da alivio, me da paz, porque puedo imaginar vívidamente sus palabras y, de alguna manera, se me aclara el panorama.Father Talking to Son

Ahora bien, así como quedan huellas de las palabras de ternura, aliento y amor, también quedan cicatrices de las palabras duras, hirientes y emitidas en un momento de frustración. Esas palabras también causan que la autoestima se vea afectada, la autonomía disminuida, la confianza propia fragmentada y la tranquilidad del hogar, interrumpida.

Por tanto, debemos ser conscientes de que lo que decimos a nuestros hijos,  sea para felicitarlos, reforzar conductas positivas, para conversar de temas variados o para llamarles la atención, tendrá una huella permanente en sus vidas y lo recordarán siempre. Esto pone sobre nosotros una responsabilidad enorme debido a que debemos saber y asumir lo que decimos,  la forma en que lo hacemos y el mensaje que queremos transmitir. De todas maneras, nos podemos equivocar y, en este caso, saber pedir perdón no solamente es importante, es necesario. Abrir nuestro corazón y pedir disculpas a nuestro hijo por alguna palabra o acción que no se debió haber dado nos humaniza, nos dignifica y para ellos es el mejor ejemplo. Recordemos siempre que lo más importante es dejar huellas…nunca cicatrices.

Alegría Crespo

Ph.D (c ) Ciencias de la Educación


Educar con Alegría