Navidad de Pavos

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Navidad de Pavos

Category : Artículos

navidad-2La casa donde crecí era mágica. Largos corredores, techo de teja, paredes de adobe, una casa de la época colonial. La caracterizaban una gran chimenea que calentaba las tardes frías de la alta ciudad de Quito y eucaliptos muy, muy altos. Los sueños de niña se hacían realidad en “Farsalias”. Había rincones inhóspitos donde me podía esconder por horas a escribir o leer, a vivir mi niñez a plenitud.

Viví tan deliciosamente esta etapa de mi vida, que todo era posible en esa casa mágica.

Poniéndoles en este contexto, la Navidad también se enmarcaba en un ambiente especial. Si teníamos alguna necesidad, guardábamos esa petición para Navidad, desde ropa, zapatos o alguna novelería. Éramos de poco consumo en mi niñez, seguro ustedes lo recuerdan así. Nos levantábamos muy temprano el 25 de diciembre con mucha ilusión para ver quizá dos regalitos bajo el árbol y llenas de alegría, mis hermanas y yo, encontrábamos lo que habíamos pedido en esa carta dedicada al Niño Jesús.

Los cantos, los rezos, las novenas, la familia, el pan de Navidad eran lo esencial.

Recuerdo especialmente una Navidad, un 25 de diciembre, probablemente era 1987. El jardín entero se llenó de pavos vivos, pavos que hacían mucho ruido y corrían buscando la salida. Mi papá nos llamó lleno de emoción diciéndonos que el Niño Jesús nos había mandado pavos a la casa por Navidad. Mis hermanas y yo reíamos nerviosamente viendo este fenómeno que ocurría frente a nuestros ojos y nos hacía sentir únicos. ¿Y qué íbamos a hacer con tantos pavos? Nos encontrábamos ante una situación sui generis. En pijama, muertos de risa, con nervios y con aproximadamente 50 pavos en el jardín, esa Navidad nunca sería olvidada. Y ha sido así, por eso les estoy contando.

Después de unas horas llegó un pastorcito a buscar sus pavos. Esto completaba la ilusión, parecía salido del pesebre, parecía haberse encarnado el personaje de un cuento navideño. Mi mamá le brindó un pedazo de pastel y leche y fue arriando los pavos hasta perderse de nuestra vista. Nos miramos sonreídos con una mirada cómplice, los pavos fueron protagonistas de esa Navidad. Y así, como se perdieron lo pavos de nuestra vista, la Navidad y su espíritu de estas fiestas, se va perdiendo a medida que pasan los días y los meses. Lo lindo y lo que se debe rescatar es esa unión familiar y la generosidad con el más necesitado. Debe ser un estado de ánimo permanente, no fugaz, como la visita de esos pavos.

La Navidad nos une, nos acerca, nos ayuda a reflexionar sobre lo importante de la vida y se resume en: familia, bondad, fe y generosidad.

Sé que todos tenemos recuerdos de navidades especiales, sé que vemos con cierta nostalgia esta época, sé que para mí, esa visita de los pavos corriendo por el jardín me ayuda a reír nuevamente como niña y a darme cuenta que la Navidad es la época más mágica del año. Regalemos eso a nuestros hijos: experiencias inolvidables, amor y magia. Todo lo demás lo puede comprar el dinero, pero nada material deja recuerdos para siempre.

Que esta Navidad tu hogar se llene de luz, de esperanzas y de muchas risas y miradas infantiles.

Alegría Crespo

PhD (c) Ciencias de la Educación

 


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