Va por tí papi

  • 0

Va por tí papi

Category : Artículos

el_cielo_hermoso_by_emilys14-d5rpnon

Lo miro en la foto colgada en mi sala de estar, con esa mirada penetrante y transparente, está ahí y me recuerda todos los días que soy su hija y que me acompaña. Antes de salir corriendo a mis tareas diarias, sonrío a la foto y digo “va por ti papi”.

Les cuento un poco de mí y de este amor profundo a mi padre.

Fui una niña muy esperada, me buscaron algunos años y el óvulo no se fecundaba. Hasta que un audaz espermatozoide corrió, navegó y llegó al óvulo que le esperaba con los brazos abiertos y juntos gritaron “¡hoy comienza la vida de Alegría!”.  Al momento de mi nacimiento, mi padre Rodrigo tenía 27 años, me agarró en sus brazos y lo primero que vio fue mis manos, acariciando mis dedos de recién nacida dijo “tiene manos de pianista”, ante lo cual mi mamá Alegría sonrió orgullosa. Y, cabe recalcar, que no soy pianista, a duras penas toco la guitarra, pero mis dedos largos siguen siendo una de mi características más notorias.

De bebé mi papá me llevaba al jardín y me hablaba de la luna, hoy incluso siento que recuerdo lo que me decía. Hombre apasionado por la naturaleza y la montaña, me crió llena de amor, llena de seguridad y sintiéndome invencible. Me enseñó a ser una niña valiente, independiente, cuestionadora, fomentó mi curiosidad intensamente y me enseñó a amar la aventura. Me hizo amar a Dios y más allá de eso, a trascender con mis actos. Logró que ame la lectura y fue convirtiendo mi timidez en seguridad y liderazgo. Me enseñó que el trabajo se queda fuera del hogar y que la chimenea es cómplice de grandes conversaciones. Además, hizo que quiera conocer el mundo, que mi pasaporte debe tener muchos sellos y me convenció que llegaré a donde yo me proponga. Al acurrucarme en su pecho, sus latidos me mostraban lo que es la seguridad, el calor de un padre, el abrazo protector, la sensación de ser princesa…y así me llamaba “princesa”. Inculcó en mí la lucha por mis ideales, la importancia de la nobleza, de llevar la frente en alto, de la integridad personal, de debatir con argumentos, de hacer que la rebeldía sea importante en ciertos momentos de la vida.

En la adolescencia disfrutó de cada anécdota que le conté después de llegar de una fiesta, de cada beso robado, de cada lágrima de amor, de los sueños de mujer, su mirada cómplice y pícara me invitaban a que sea él el escogido para guardar mis secretos más íntimos. Así, teníamos una relación mágica, llena de risas, de conversaciones, de discusiones y de abrazos eternos.

Ahora, recurro a su foto, tocándola con la yema de mis dedos, buscando ese calor que solo él sabía darme, buscando la tibieza de sus manos y el alivio al escuchar sus palabras. Lo busco, y solamente lo encuentro en lo más profundo de mi corazón de bebé, de niña, de adolescente, de joven mujer.

Ahora, mis tres hijos disfrutan del amor de su padre y los veo sonreída recordando al mío, sintiéndome afortunada que ellos tengan al suyo, que además cumple un maravilloso papel.

La vida me lo prestó 22 años, fue un préstamo muy corto. Pero, a la vez me regaló el amor más infinito y el ejemplo más grande. El amor de un padre queda en el corazón por siempre, para siempre.

Mi papá me enseñó todo…menos a estar sin él.

 


Educar con Alegría