Volver a lo básico

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Volver a lo básico

Category : Artículos

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Volver a lo básico

“Apps, teclas, clics, tablets” son parte del lenguaje cotidiano que usamos en casa. El cerebro se ve estimulado y, cabe decir, sobre-estimulado con luces, sonidos, personajes, competencias, guerras, números, letras. Muchas veces el tiempo se nos va de las manos entre tanta tecnología.

En mis años de experiencia como mamá y pedagoga, después de estudiar casi el mismo tiempo que se requiere para ser un médico cirujano, y meterme en las neurociencias, la didáctica, la pedagogía, la filosofía educativa, epistemología y demás “ías”…he llegado a una gran conclusión: volver a lo básico.

Me refiero lo básico cuando en realidad es lo grandioso. Estoy hablando de la naturaleza: de acostarse en el pasto sintiendo como nos abraza y ponerse a contar nubes. Hacer esto, lo básico, con nuestros hijos, dejando el reloj a un lado y salir a caminar. Conversar sintiendo la complicidad en la conversación que solo al hacerlo en vivo lo hacemos bien, porque modulamos la voz, mostramos nuestros gestos faciales y corporales, ayudando a que el mensaje llegue y se interiorice en nuestros hijos.

La comunicación y los símbolos de la misma, se establecen desde muy temprana edad. Si nuestros hijos ven que prestamos mayor atención al teléfono que a lo que están tratando de enseñarnos, comienzan a dejar de hacerlo. ¿Por qué? Porque los niños necesitan nuestra atención para sentirse seguros, para afianzar su autoestima y para fortalecer su aspecto socioemocional.

En este punto, recomiendo ciertas actividades que nos ayudan a que volvamos a lo básico, mientras recuperamos lo esencial:

  1. Leer: la lectura afianza los lazos afectivos, además de desarrollar el vocabulario y la imaginación.
  2. Juegos tradicionales: enseñemos a nuestros hijos los juegos que eran característicos en nuestra infancia. Además de ser muy divertidos, se identificarán con nuestra niñez y nos verán como seres humanos que se han desarrollado al igual que ellos.
  3. Recurrir a materiales sencillos para divertirse: papel y crayones para dibujar, harina y agua para amasar, fideos y lana para ensartar.
  4. Juegos de mesa: Además de desarrollar el seguimiento de instrucciones, afianzan el sentido sano de la competencia y del pensamiento lógico.

Volviendo a lo básico, no solo volvemos a lo más importante de la vida, sino que recuperamos calidad de tiempo y de afecto con nuestros hijos. El tiempo no perdona. Nos sentiremos felices de haber jugado. En todo el sentido de la palabra.

Los recuerdos quedarán plasmados convirtiéndolos en adultos que contarán a sus hijos cómo jugaban en su infancia. Lograremos así que transmitan a la siguiente generación que compartían tiempo no solo con la tecnología, sino también con sus padres y la naturaleza. ¡Eso sí que vale la pena!

 


Educar con Alegría