Y siguiendo las indicaciones del diablo, se creó la escuela.

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Y siguiendo las indicaciones del diablo, se creó la escuela.

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Y siguiendo las indicaciones del diablo, se creó la escuela.niño y escuela

El niño ama la naturaleza: se lo hacinó en aulas cerradas.

El niño ama ver que su actividad sirviera para algo: se logró que no tuviera ningún objetivo.

Le encanta moverse: se le obligó a permanecer inmóvil.

Es feliz manipulando objetos: se lo puso en contacto con las ideas.

Ama usar sus manos: se le pidió que solo usara el cerebro.

Le encanta hablar: se lo obligó a mantener silencio.

Querría razonar: se le hizo memorizar.

Querría investigar la ciencia: se le sirvió todo hecho.

Querría entusiasmarse: se inventaron las sanciones.

 

 

(Epigrama de Adolphe Ferriere presentado en el Congreso Fundador de la Liga Internacional para la Educación Nueva en Calais en 1921, citado en Meirieu, 2016).

 

Soy fiel creyente de que escogí la profesión adecuada, amo la educación y siento que en mi paso por este mundo, es una herramienta muy valiosa para dejar una huella real que aporte a la sociedad. Sin embargo, siguiendo una de mis características principales que es el análisis minucioso de lo que sucede, he comenzado este escrito con el epigrama de Ferriere. El mismo fue escrito en 1921, hace casi un siglo y denota una crítica bien planteada del sistema educativo. Se cuestiona la rigidez de la escuela dejando de lado el desarrollo natural de los niños. Ahora bien, haciendo una revisión general (considerando que siempre hay excepciones) llego a la conclusión de que la escuela no ha tenido mayor transformación. Y eso es preocupante.

Tomando en cuenta que los niños y jóvenes de la actualidad tienen diferentes ritmos de aprendizaje y diferentes intereses y habilidades, relacionados con la revolución tecnológica, cuesta aceptar que sigan siendo sometidos a técnicas de aprendizaje obsoletas como la repetición de planas hasta finalizar un cuaderno entero. Cuesta entender por qué a un niño de tres años se le asigna tareas de lápiz y papel cuando lo que en realidad debe estar haciendo es jugando, explorando, descubriendo en espacios abiertos. Todavía cuesta entender cómo se pretende absoluto silencio en una clase de preescolar, siendo esta la edad en la cual se dan las carcajadas más bonitas de la vida. Cuesta entender cómo podemos pretender que un niño se mantenga limpio e impecable si lo que necesita es tocar la tierra, ensuciarse, fundirse con la naturaleza. No logro entender por qué obstaculizamos la etapa más mágica e inocente de la vida que es la niñez, con imposiciones severas. Y, ojo, considero que la disciplina es básica en la vida. Creo en la firmeza y la constancia para lograr un objetivo. Sin embargo, creo que la crianza sana y el desarrollo de destrezas ligado a la libertad, desemboca en mejores resultados de aprendizaje y en una potenciación del verdadero interés por aprender.

Entonces, dedicando mi vida a la educación y habiendo pasado por algunas instituciones educativas como madre y docente, me atrevo a decir que lo más importante es permitir al niño ser niño, disfrutar de esta etapa de su vida, de reír, de jugar, de ensuciarse, de utilizar su cuerpo y sus manos, de ser creativo y gracioso.

Cuando la escuela llegue a ser un espacio distendido, donde prime el juego y la creatividad, sonreiré pensando que por fin llegó el día tan esperado por la humanidad.

 

Alegría Crespo, M.A. Ed.

Educar con Alegría

 

Bibliografía: Meirieu, P. (2016). Recuperar la pedagogía: de lugares comunes a conceptos claves. Buenos Aires: Paidós.


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