El triángulo efectivo de la crianza

El triángulo efectivo de la crianza

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Las vacaciones volaron…el periodo de descanso terminó y los chicos están ansiosos de volver a clases. Ya es necesario restablecer la rutina y las actividades cotidianas.

Ahora bien, esta etapa puede ser causal de mucha ansiedad en la familia, por el tema económico (se gasta mucho en uniformes, listas de útiles, libros) y también porque muchos padres se ponen ansiosos y nerviosos al dejar a sus hijos por primera vez en preescolar o primaria, sobre todo.

No debemos olvidar que los son el reflejo de los padres y que depende de cómo los padres se comporten, para que los hijos los imiten. Si la mamá o papá va a dejar al niño en la escuela y se le llenan los ojos de lágrimas, el niño pensará “¿Qué me va a pasar aquí?” y seguramente llorará también y su adaptación será más compleja.

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Entonces, dentro de mi experiencia como mamá y educadora, les puedo dar tres palabras que son el pilar fundamental para acompañar a sus hijos en este inicio de clases: constancia, diálogo y ejemplo.

  1. Constancia: Es importante establecer rutinas constantes con el fin de que exista orden en casa. Los niños están probando permanentemente sus límites y una forma de demostrar amor es, a través, de las disciplina asertiva. Entonces, debe existir una hora para hacer tareas, cenar, bañarse y acostarse. Un cerebro descansado se potencia para aprender mejor. Un niño que tiene rutinas, seguramente será más organizado también en sus hábitos escolares.
  2. Diálogo: Vamos a profundizar el diálogo. Es decir, si comenzamos con “¿Qué tal la escuela?, la respuesta será “Bien”, diremos “¿Qué hiciste?” la respuesta será “Nada”. Entonces, mi sugerencia es que nosotros les contemos nuestro día y nuestros sentimientos para que, a su vez, nuestros hijos nos cuenten los suyos. Preguntas abiertas como “¿Qué aprendiste hoy?” serán la pauta para desarrollar el diálogo con nuestros hijos.
  3. Ejemplo: Si nosotros mostramos hábitos, rutinas, orden, nuestros hijos nos imitarán. No podemos predicar lo que no ponemos en práctica. Si un papá suele gritar en casa, no debe esperar que su hijo no lo haga. El ejemplo es la mayor fuerza y el mayor motor. Si estamos tranquilos y confiamos en la institución educativa que hemos escogido par a nuestros hijos, ellos sentirán eso y se sentirán también seguros y confiados.

Recordemos, entonces, constancia, diálogo y ejemplo. Un triángulo poderoso en cada etapa de nuestros hijos. Que sea un año lectivo lleno de retos y de aprendizaje. Que nos empoderemos como padres, maestros y como guías de la nueva generación. Que seamos hacedores de gente de bien.

 

Alegría Crespo, Ph.D

 


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